Cuando el huracán María tocó tierra en 2017, devastó la red eléctrica de Puerto Rico, lo que provocó el apagón más largo en la historia de los Estados Unidos. El daño fue catastrófico y pasó casi un año antes de que se restableciera la energía en algunas de las zonas más remotas de la isla. En el oeste de Puerto Rico, en un pueblo montañoso llamado Lares, Madeline Fernandini-Morales fue testigo de todo esto.

Madeline trabaja en la industria de la energía solar desde 2020. Nació y aún vive en Lares, y entiende mejor que la mayoría lo que la energía solar significa para un lugar como Puerto Rico. “La energía solar es sumamente importante para Puerto Rico, especialmente en las comunidades de la zona rural montañosa”, comenta. “Resuelve tres problemas críticos: el alto costo de la electricidad, la inestabilidad de la red eléctrica y la dependencia de los combustibles fósiles importados”.

El camino de Madeline en el sector solar comenzó con Bosque Modelo, una organización sin fines de lucro que ofrece capacitación en energía solar utilizando el plan de estudios de SEI, con un enfoque específico en incorporar a las mujeres a la industria. En 2025, viajó a Colorado para participar en la Semana de Laboratorio FV para Mujeres de SEI, un curso de instalación práctico de cinco días con un grupo conformado exclusivamente por instructoras y participantes mujeres. A partir de ahí, se vinculó con Mujeres Solares, una red de mujeres en Puerto Rico que comparte oportunidades educativas y profesionales en el ámbito de la energía solar, para aprender sobre las normas del Código Eléctrico Nacional (NEC) y el diseño de sistemas fotovoltaicos directos a la red mediante el curso FVOL202 de SEI.

El apoyo de las becas recibidas han sido fundamental en la trayectoria solar de Madeline, permitiéndole desarrollar sus habilidades sin barreras financieras gracias a socios como la Fundación Honnold. “Este tipo de oportunidades mejoran mi empleabilidad y mis competencias profesionales para servir mejor a mi país”, afirma.

Su capacitación se refleja en el trabajo que ya realiza en Puerto Rico. Madeline trabaja con dos organizaciones: una fundación que apoya a una microrred de comerciantes locales que brindan servicios comunitarios, y una organización sin fines de lucro que instala sistemas fotovoltaicos en techos para familias de bajos ingresos. Ambas se centran en el mismo objetivo: la resiliencia energética para los puertorriqueños que no pueden permitirse quedarse sin luz.

Sin embargo, esto es sólo el comienzo. La Ley de Política Pública Energética de Puerto Rico de 2017 establece la meta de alcanzar el 100 % de energía renovable para el año 2050. Y aunque los programas de subsidios gubernamentales que antes apoyaban el acceso a la energía solar para sectores de bajos ingresos ya han expirado, Madeline ve esto como una razón para esforzarse más, no menos. Su objetivo es seguir trabajando en la instalación de sistemas solares e incorporar la educación pública a sus actividades, ayudando a las comunidades a entender no sólo cómo funciona la energía solar, sino por qué es importante gestionar correctamente los recursos energéticos.

En un lugar donde la temporada de huracanes abarca de junio a noviembre, la vulnerabilidad de la red eléctrica es una realidad con la que vive cada puertorriqueño. Madeline trabaja para construir un futuro en el que una tormenta no signifique meses sin luz, agua o comunicación. Para ella, esta labor es personal: “Estoy muy agradecida con la Fundación Honnold y con Solar Energy International por la oportunidad que me dieron de aprender, lo cual me permite involucrarme en el desarrollo de la industria solar y contribuir a la resiliencia energética y, de esta manera, al bienestar de mi comunidad y de mi país”.

Historias como la de Madeline son posibles gracias al apoyo de personas como tú . Dona para el programa becas de SEI .